viernes, 20 de junio de 2014

Transformar dificultades en oportunidades

La ilusión de cumplir con aquel reto que llevas meses anhelando. Las ganas de levantar los brazos y suspirar con fuerza sabiendo que lo has conseguido. Escuchar la multitud aplaudiéndote y felicitándote, sabes que te lo has ganado. Pero lo mejor es cuando te cuelgan la medalla, estrechas la mano con el asistente y lanzas un grito al aire que sólo se acaba cuando ya no aire por expulsar, pero en realidad el alma sigue. Un grito que expulsa a una bestia que llevaba semanas atormentándote, creada a base de sufrimiento, dolor y desanimación.  Incluso te llevas las manos a la cara para que nadie vea el brillo de tus ojos por las lagrimas.

Horas y horas de entreno, no importaba si diluviaba, nevaba o hacía un sol desesperador. Tampoco si eran las diez de la noche o las 6 de la madrugada, ni siquiera dejar de lado planes ociosos, salidas nocturnas y cenas alargadas. No importa, las dificultades que surgen a la hora de alcanzar un objetivo son las que hacen del reto algo increíble que es capaz de lanzarte al aire a por más sueños.

A pocos días de la gran competición surge un imprevisto que te impone un muro entre tú y ese reto que llevas meses visualizando. Una febrada que me pone problemas para llegar de la cama al baño.
Hoy he soñado que me recuperaba, me levantaba y llamaba a mi hermano.

"Luís, nos vamos a Luxemburgo, salimos en 5 minutos"

Cuando me he levantado y me he topado con la cruda realidad he asumido que no podía competir ya. ¿Y ahora qué?

En el momento en el que dejas que los golpes de la vida te desanimen es cuando  pierdes ventaja respecto aquellos que han decidido ser valientes. Esto es como las carreras, si bajas el ritmo en un sólo kilómetro puedes perder diez posiciones. Y siempre se trata de adelantar.

Luxemburgo ya es agua pasada, ahora toca poner la mira en otros retos aún más difíciles de lograr, toca levantarse y correr. Levantarse y pedalear. Levantarse y nadar. Levantarse y luchar. Porque una dificultad sólo da paso a un mayor logro si se transforma en una oportunidad,  los obstáculos del camino nos hacen más fuertes... En este deporte no hay tiempo para bajar la cabeza.


Salud y km

miércoles, 18 de junio de 2014

Medio maratón la campana

La primera carrera iniciada mediante unas campanadas. Salimos los 300 corredores dispuestos a correr: Unos van a ganar, otros a hacer tiempo y los más valientes que sólo quieren acabar.

¿Y en que grupo estoy yo? No lo sé, no conozco el recorrido y nunca he corrido 22 km con 1600 m de desnivel en montaña.

Salgo en el primer grupo. Llevan un ritmo que no creo que aguante toda la carrera. Sin embargo, como desconozco mis posibilidades aguanto allí. Poco a poco se van descolgando corredores, hasta el punto que dos se distancian y nos quedamos unos peleando por la tercera posición.

La primera bajada técnica me escapo y les saco distancia en la trialera de subida. El ciclismo me aventaja mucho cuando se trata de subidas fuertemente inclinadas y obstaculizadas.

Me quedo sólo, entre las presas y los depredadores. Me olvido de los dos atletas que tengo delante y me preocupo en sacar distancia al cuarto corredor. La verdad es que no tenía en mente esta situación, así que no sé hasta dónde aguantará mi cuerpo. Tan sólo llevo 5 km.

Voy girando la cabeza continuamente con la esperanza de no ver a nadie. Es allí cuando empiezo a plantearme la parte sicológica de la carrera. Está claro que no es la buena actitud: Mirar hacia atrás con el temor a que me adelanten. Si estoy corriendo en esta carrera, en esta posición y a este ritmo es porque he mirado siempre hacia adelante.

Empiezo a apretar el ritmo, paso de temer al corredor que sube detrás de mí a retarme con los que están por delante. Los veo a lo lejos, pero por mucho que me esfuerce no logro recortarles distancia. Los tengo todo el rato a unos doscientos metros.

Kilómetro a kilómetro, no bajo el ritmo, no pierdo tiempo en ningún repechón, roca, río… Nada, lo cruzo todo a gran velocidad. Estos pequeños detalles hacen que en el km 15 pille al segundo y le robe la posición.
Empezamos a correr codo a codo el resto de kilómetros. No me interesa atacar, soy muy bueno en el último sprint. Me espero.

En el km 21 empieza a apretar y me pongo justo detrás de él, pero en la bajada se me escapa.  Tengo ese último sprint para ganar la posición, sin embargo hay algo evidente con lo que no había contado: mis piernas han cruzado su límite. 

Miro hacia atrás para que nadie me robe el momento de cruzar la meta en tercer lugar. Levanto los brazos y saco aire con fuerza.

“Te has ganado un buen Podium”

En la meta atiendo a los periodistas y me pongo a estirar. Tenía que pegarme esta última sobrada, nunca me había entrevistado para un periódico, pero en el momento me sentí Sergio Ramos en plena rueda de prensa. 

Muy contento con mi posición y mi tiempo.

1h: 39 min, 48 seg       3 clasificado general    




Salud y km

lunes, 2 de junio de 2014

10 km de Santa Perpetua: Lo increíble es sufrir


Empezar a notar como la respiración se descontrola completamente, se olvidan del ritmo que imponen las piernas. Entran pequeñas caladas de aire y salen expulsadas por la misma boca al instante. Pero te corriges: "inspirar por la boca, expulsar por la nariz". Siempre se llega tarde y el flato ataca.

Las piernas agarrotadas bajan el ritmo, el chasquido de los dientes y la mirada clavada en el corredor de delante dejan claro que aquí se ha venido a sufrir hasta el final, nadie te ha pedido que reduzcas la intensidad.

Pero lo peor de todo está por llegar... Aunque en realidad es lo que hace de este deporte una auténtica maravilla.

 

10 km mixtos por delante, salgo entre los 10 primeros. Allí se encuentra mi objetivo, no bajar del pódium largo. Para ello tengo calculado el ritmo, 37 minutos los 10 km.

Mantengo un ritmo algo superior, me junto con los primeros. Poco a poco se van distanciando los tres primeros. Es un clásico, siempre son tres, no hay sitio para un cuarto. Me quedo sólo en noveno lugar. Vamos a aguantar esta posición como un león.

Al km 5 noto como alguien me empieza a ganar terreno, este me pondrá problemas. Así hasta el km 8, tengo detrás al mismo corredor presionándome, voy girando la cabeza y observo que me gana metros por minuto.

Es aquí, cuando se te llena la cabeza de paja y sólo quieres parar. Todo el cuerpo se alía para que sufras, te está avisando: "Para, te estás excediendo"... "A eso he venido".

Dejo de mirar hacia atrás y cambio los papeles de la situación, paso de ser presa a depredador, voy a por el de delante que me saca una distancia considerable. Subo el ritmo, el aire es expulsado con una nota de voz al estilo Rafa Nadal.

Este es mi terreno, cuando hay que sufrir. A 150 metros de meta adelanto al 7mo lugar, nos echamos una mirada que nos lo decimos todo:  "ESPRINT FINAL", mi mirada aguantó un poco más porque quería transmitirle algo más: "NUNCA HE PERDIDO UNO".

Hablo de ese duelo final donde sólo trabaja la cabeza; las piernas y los brazos se mueven sólo porque la cabeza los engaña. La mayoría de los corredores no se preocupan mucho por esta posición tan sufridora. Tiene sentido, te dejas todos los músculos del cuerpo para ganar una posición irrelevante. Pero los buenos corredores son peligrosos porque les da igual la posición, lo que les preocupa eres tú mismo. No se van a dejar ganar en los últimos metros.

Esprintamos los últimos 50 metros. Nada, reiterando lo que le dije al mirarlo. No pretendas ganar en la última recta a un chalado que ha cruzado varias metas cayendo al suelo.
 



 

Cuando cruzas la meta, la satisfacción te hace entender todo lo que has sufrido. Y por eso, vale la pena sufrir hasta el último centímetro del millón que hay.

El mejor tiempo de mi vida en los 10 km de cursa mixta: 35,48 minutos. Segundo de mi categoría y 7o de la general. Unos resultados de los que me siento muy orgulloso.

Pero hubo más guerreros en esa carrera, el equipo de ciclismo de Decathlon Mollet, lucharon hasta batir sus ambiciosas metas. Quim Pereira, Joan Parés, Javier Santamaría, Guillermo Caro y Jose Manuel Monge: Calma, cabeza y coraje.

Salud y km,

 

 

martes, 18 de marzo de 2014

Camino de Santiago: Experiencias que siempre valen la pena


He recorrido más de 500 km en 5 días sobre una bicicleta que cargaba 15 Kg de equipaje: He sufrido dolores de espalda, de hombros y de cuello, tanto que era difícil dormir sobre aquellas camas rígidas, por no hablar de las piernas. He pasado momentos de frío, en los que quieres dejar el pedaleo y ponerte las manos bajo el culote para calentarte. Momentos en los que quise coger la bici y lanzarla al aire con furia. He partido dos portabultos y he pinchado rueda varias veces, entre otros problemas técnicos.  Largas tiradas sin agua y comida por mala previsión. He estado pedaleando más de 10 horas en un día yo sólo, hasta el punto de que no puedes pensar en otra cosa que en la distancia que recorres.

No debería ser así el camino de Santiago, pero mi carácter y mi personalidad me hacen vivir las cosas de esta manera: Al límite. Y sinceramente, es increíble.

El sufrimiento en el mundo del ciclismo es duro, muy duro. Pero la satisfacción y las sensaciones que te producen son únicas y sólo se pueden entender cuando las vives.

He chutado literalmente mi bici por fallos en el cambio y la he levantado al aire con un corto grito que se calla por pasar del falsete. He apoyado la cabeza sobre el manillar por la impotencia y he pedaleado levantado sobre la bici con toda mi energía.

Pero tras todo este sufrimiento hay algo superior: La magia del camino existe. Ya es oficial.

La conversación con el pueblerino sobre cómo se ordeña una vaca resulta ser muy interesante, el cocido maragato o el pulpo gallego junto con una pinta es la mejor cena de la cocina mundial, el pueblo al que se llega es probablemente el más bonito de toda Europa, la ducha en el albergue es mejor que las que se da la rubia/morena/pelirroja de Loreal... Las sensaciones se intensifican al cubo por el hecho de haber sufrido tanto para acceder a ellas.

 
Cada una de esas pequeñas situaciones, que pueden ser hasta incluso aburridas, sientes que te las has ganado con tu propio esfuerzo, inconscientemente las relacionas con un premio merecido, logrado gracias a la larga pedaleada. Y por eso, nuestro subconsciente trabaja para que sean momentos únicos. Llamarlo autoengaño sano.

 
Para no aburrir al lector voy a explicar dos breves anécdotas que viví en el camino de Santiago y resultan divertidas e interesantes.

Salgo sobre la máquina  desde Ponferrada, dispuesto a llegar a Vilafranca del Bierzo a comer un buen tapeo de marisco y un plato de pasta. Las piernas están fuertemente agarrotadas, acumulan en ese mismo día 60 km, entre ellos 8 del puerto de rabanal.

Solo salir se parte el portabultos por el extremo de la tija. Debido al fuerte agotamiento físico y el estómago vacío me bajo de la bici como si fuera a abalanzarme sobre alguien, arranco el portabultos que esta colgando de un extremo y lo lanzo contra una pared de roca al mismo tiempo que grito: "¡¡Me ca..o en tu p... madre!!"

Dos peregrinos de origen asiático que estaban cerca en ese momento, agarran su mochila con fuerza por las dos asas y pasan por mi lado acelerando el paso con la cabeza centrada a dos metros de sus pies.

Tras buscar varias tiendas de bicicletas logro hallar con la solución gracias a la persona menos esperada: Una señora de 80 años.

Conseguí un portabultos que no era compatible ni para mi bici ni para el peso que llevaba. Pero estaba esta señora para solucionarme el problema. Me hizo un apaño recortando un trozo de neumático para agrandar el grosor de mi tija de tal manera que pude adaptar a la perfección el aparato de carga que tenía. Con dos pulpos sujetados desde el extremo del portabultos a la parte superior de la tija hizo que pueda cargar con más peso.

No se quedo allí, me cambió las pastillas de freno y el neumático trasero en menos de 6 minutos. No me dejó hacerlo a mí, cada vez que tendía una mano me daba una pequeña bofetada y me decía "quítese", con un marcado acento.

Increíble, no dudé en reconocer sus méritos y en preguntarle si tenía nietas.

"Hijo mío, el diablo sabe más por viejo que por diablo" Me arrancó las palabras de la boca.

Otra anécdota que me marcó:

Al día siguiente del inciso del portabultos noté fuertes dolores en mi rodilla izquierda. Sabía desde un primer momento lo que era: Un inicio de tendinitis. Un dolor fácil de evadir, calentando la musculatura es el remedio, al menos momentáneo. Eso hice, subí Ocebreiro y pedaleé 70 kilómetros más.

A 12 kilómetros de mi destino la rodilla empezó a dolerme mucho, me encontraba en un punto medio entre dos pueblos con albergues, a 12 km de cada uno. Tras más de 8 horas de pedaleo, cada kilómetro se hace muy largo y muy espeso.

Por suerte encontré un albergue a sólo 4 km de donde estaba. Ya no podía continuar, así que paré allí. Curiosamente el pueblo se llamaba "O Hospital", pero no había hospitales.

Conocí un peregrino que llevaba varios días caminando y paró en el mismo albergue por dolores en el talón de Aquiles. Le expliqué mi situación:

"He parado por dolores en la rodilla, pero mañana llegaré a Santiago cueste lo que cueste. Sólo estoy a 50 km. Con todo lo que he hecho no me parará ni la aviación americana"

No sé si me hubiese parado la aviación americana, yo creo que no, pero ese hombre sí que lo hizo, y sin lanzarme misiles, con una simple frase:

- "Es más valiente el que sabe encararse a su propio orgullo que el que se planta ante un ejército con un palo" (He adaptado un poco la frase porque era extranjero y dijo una cosa muy rara, pero así percibí yo el mensaje)

Sí, me costó más coger el autobús hacia Santiago que cualquier momento del camino, en cada parada el cuerpo me lanzaba un impulso:

"Baja y pedalea"

 "Esta vez no"

Acerté:  La rodilla ya casi no me duele y si hubiese seguido probablemente tendría una lesión complicada (palabras de un médico).

 

La moraleja de todo esto no se puede describir mejor que con una frase de un gran amigo:

"Cualquier experiencia, por muy dura que sea, siempre vale la pena" Pablo Camp

 
 
Salud y km


 










miércoles, 5 de febrero de 2014

El primer español que corrió el Tour de Francia... Sin pies.


Año 1902: Vicente Blanco miraba los papeles de la inscripción con ambición en un bar de Bilbao, costearse esta competición implicaba quedarse literalmente sin un sólo duro. Tampoco estaba preparado, el recorrido era hasta ese día el más duro que se había planteado nunca, una cuarta parte de los ciclistas cancelaron su inscripción.

La punta de la pluma vibraba al ritmo de su mano. A una sola firma para ser el primer ciclista inscrito en el Tour de Francia. La mirada estaba clavada en esa hoja, por un lado la prudencia y la responsabilidad le negaban esa firma, pero por otro lado estaba su coraje. Desvió la mirada al anuncio otra vez y leyó algo que le hizo tomar una decisión: " El corredor sale sólo a la aventura"

Todo su dinero lo gastó en esa inscripción. Procuró hacerse con algo más de dinero para poder viajar a París, pero no lo consiguió. Decidió subirse a su bicicleta y empezar a pedalear hacia Francia, mientras que el resto de participantes viajaban en tren con sus equipos.

Vicente comía pasta y pan, su alimentación para ser un ciclista de élite era pésima. Su descanso eran cortas horas de sueño con la cabeza apoyada sobre el duro sillín de su bicicleta.
 

 
Vamos a dejarle dormir y recordemos su pasado. El vasco había tenido tres fuertes accidentes laborales: Una caída de una construcción por una apuesta (A que no hay huevos a...) , una perforación por una barra metálica en su tobillo y perdió los cinco dedos al quedarse su pie atrapado en una máquina. Vamos, que se tomaba su trabajo hasta el límite. Tras este último incidente, Vicente Blanco quedó completamente cojo... De los dos pies. La cojera le llevo al alcoholismo hasta que se convirtió en un marginado social.

Pero apareció ese angelito que hay que escuchar para ser un verdadero campeón: "Cierra ese wiskie y vuelve a las ruedas". Con el dinero que cobró de las indemnizaciones laborales compro un trozo de hojalata con dos ruedas. Al poco tiempo empezó a destacar en diversas carreras de fuerte prestigio.

Su trampolín hacia el Tour fue su victoria en el campeonato de España. Algo dudosa ya que sostienen que Vicente rompió la punta del lápiz en el control de la firma haciendo perder tiempo al resto de competidores (Antes se paraba a media competición para firmar, no existían los chips). Vamos a suponer que no es cierto. ¿Porqué? Porque sino la historia pierde gracia.

Completó los 1100 km que hay entre Bilbao y París para poder competir en el Tour de Francia representando por primera vez a España. Llegó horas antes de la salida.

Sí, lo habéis entendido todo bien: El primer español en correr el Tour de Francia era cojo de los dos pies, ex-alcohólico y fue hasta París en bicicleta.

Esta historia es real, aunque no lo parezca. Y como buena historia realista, no ganó el Tour ni mucho menos, pero lo terminó aunque no saliera en las clasificaciones.

Vicente Blanco fue acogido en su tierra como el campeón, y es así, ese ciclista fue el verdadero campeón, fue la historia de esa competición.

Vicente Blanco es un ejemplo de una persona que ha sabido plantar cara a los golpes que le ha propinado la vida. Con esto queda demostrado que de la oscuridad a la luz existe siempre un camino, rocoso y desnivelado. Vicente podría haberse planteado mil y una escusas distintas para no luchar por su sueño, y escusas de peso. Pero como ya digo en una entrada anterior... Escuchó sólo una voz de las mil que tenía en su cabeza, la que hablaba más flojo, la que decía: "Tu puedes".
 

Salud y Km

miércoles, 1 de enero de 2014

7 km de Esterri de Neu

Estamos calentando entre bromas a pocos metros de la línea de salida. Nos esperan 7 km de alta montaña. El adjetivo “alta” simplemente supone menos aire, más frío y terreno nevado, cualquier dificultad añadida sobre una carrera es bienvenida. Me encantan los circuitos duros de pelar.

Se comenta que hay un grupo de atletas que entrenan diariamente, y la gente apuesta por un corredor en concreto. La verdad es que impone el chaval: mallas térmicas altas de gama, piernas fibradas y depiladas y cara de seguridad. Pero yo cuento con el factor sorpresa, como siempre, el desconocido que lleva mallas de primer precio, térmica de btwin y la típica camiseta de propaganda pasa desapercibido. Nadie me mira, nadie sabe de mi existencia, soy uno más del montón, eso… Me encanta.

Me recuerda mucho a los 5km que corrí en Atlanta, voy con ibuprofenos encima para evadir el dolor de la microrotura en el gemelo. Sigo dejando de lado la prudencia. Pero eso, aún lo hace todo más interesante.
Empieza la carrera, salen disparados y me coloco en décimo lugar. No me puedo creer que aguanten con este ritmo, han salido como si fuera una milla urbana. Hago caso a mi lema y salgo con cabeza.

Al poco tiempo empiezo a pasar a todos los corredores que han salido engañados por la emoción del inicio de la carrera, me coloco en segundo lugar, voy “a rueda” del increíble, el chaval que lo gana todo, el alma de las carreras de Esterri. El atleta está fuerte, mantiene un fuerte ritmo y no lo baja en ningún momento, y eso que las primeras subidas son fuertemente desniveladas y técnicas, corremos sobre la nieve virgen y eso dificulta mucho la buena pisada. De todas formas, mantengo el cuerpo y le sigo a pocos metros. Justo detrás tengo al tercero que poco a poco le voy ganando distancia.

Cruzamos la montaña y estoy justo detrás del primer clasificado, hemos dejado atrás al resto. Me siento bien, en el plano tiro más que él y me veo fuerte, pero no me escapo, hago pequeños sprints y me los aguanta, este tío es duro de pelar. Lo veo bastante bien, voy bien de pulmón y vamos por la mitad, no creo que aguante todos los ataques que le haga.

Pero hay algo que ni él ni yo sabíamos: Cual era el circuito de la carrera. Nos perdemos y vemos a lo lejos al tercer y cuarto clasificado. Vuelta atrás, perdemos unas 7 posiciones.

El empieza a apretar una barbaridad, hasta el punto que se distancia unos metros de mí, pero le mantengo, no se me escapa. Adelantamos al quinto, al cuarto, al tercero … y es allí donde ataco, lo adelanto y mantengo un ritmo muy fuerte, probablemente demasiado. Cuento con la ventaja de estar un poco chalado de la cabeza, y tener lo que hay que tener para vivir esa carrera hasta el más lejano de mis límites, antes de bajar el ritmo me desmallaré. Es difícil de entender esta actitud visto desde fuera.

Aunque al primero ya no lleguemos a batirlo, tengo dominada la situación: Le recorto metros por segundo al segundo y dejo algo atrás a mi compañero de carrera.

Adelanto al segundo clasificado. Me mira y me dice: “tío, la he liado, no sé dónde estoy” Otra vez perdidos. Llegamos los tres a meta y decidimos entrar juntos. No sé en qué posición teórica he quedado, lo que sí  sé es que he sido el mejor de la carrera.

Desgraciadamente lo que cuenta es el primero que levanta la cinta. De todas formas estoy muy contento con mi carrera, al fin y al cabo compito en un 90% contra mí mismo y en un 10% contra el resto, esa es la actitud. Los aficionados que estaban en línea de meta conocían la historia y nadie le ha prestado caso al primero sino al desconocido chaval que iba por delante del “increíble”.

Felicitar a mis primos, la novia de mi primo  y a mi  hermano que han completado una de las carreras más duras técnicamente que he corrido en mi vida. y con calzados dignos de admirar.


Salud y km.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Duatlón Ametlla del Vallés


Dos años después me dispongo a competir de nuevo un duatlón en la Ametlla del Vallés: 6 km a pie, 22 km de btt y 3km a pie. Esta vez voy mucho más preparado sobre la bici, ruedo mejor sobre terrenos fuertemente técnicos.

El duatlón es una competición que siempre me ha jugado malas pasadas, siempre me pasa algo, o me desfondo por una mala dosificación o se me parte alguna pieza de la máquina. Esta vez la afronto con la experiencia de haber tenido malas experiencias, ¿Hay algo peor que hacer el duatlón entero corriendo por romper el cambio? No. Estoy curado de espantos.

Se da la señal de salida. Decido tomar una estrategia prudente y salgo con un ritmo muy tranquilo.

“Voy a disfrutar esta carrera, no me voy a dejar la vida en ello”

Siempre me digo lo mismo y es mentira. Supongo que es una manera de auto engañarme para no pensar en lo que me espera. Salgo tranquilo, sonriente, como el que va a dar un paseo. Pero al segundo 3, alguien me adelanta… Y cambio de idea:

“Voy a ir a muerte, no me adelanta ni uno más”

Poco a poco voy apretando el ritmo y gano posiciones. Aunque el terreno es duro y desnivelado completo la primera parte con aire en los pulmones y mucha energía muscular. Por fin aprendo a utilizar la cabeza y no salgo a toda pastilla pensando que la moto guía va a tener problemas para ganarme.

Transición eficiente, no pierdo tiempo. Y lo mejor de todo: ¡No me dejo nada! He llegado a dejarme las gafas de natación puestas. Aunque hay peores que yo, un artista (porque no tiene otro nombre) que salió corriendo pensando que la bici era lo último. Bueno, al tema:

La segunda parte es la más dura de la carrera, los caminos son técnicos tanto de bajada como de subida. Sigo adelantando sobre las ruedas, pero cada vez cuesta más. Voy subiendo el listón y cada grupo que cojo me lo pone más difícil.

Me quedo con los exigentes, en las subidas aguanto el grupo. En las primeras bajadas también, hasta que me doy cuenta que estoy poniendo en juego clavícula, radio, cúbito y peroné.

Tengo la mala fortuna de descentrar la llanta con una roca. No voy sobrado de piernas como para ir ahora con una rueda frenada. Allí pierdo posiciones, pero sigo dando guerra.

El neumático trasero me defrauda, me resbala la rueda en tramos fuertemente inclinados. En una ocasión la rodilla impacta contra el manillar e insulto al neumático como si estuviera en una discusión discotequera. El duatleta que corre a mi lado mira al neumático y acto seguido me mira a mí, como diciendo: “Tío, que es un neumático, no te va a escuchar”.

Acabo la segunda parte de la competición y efectúo una transición muy rápida. Ya sólo me quedan 3km. Espero no desfondarme como ya me pasó hace dos años.

La última parte de la carrera la hago a un muy buen ritmo, nadie me adelanta y paso a varios a un fuerte ritmo.

Buenos resultados:

Posición total: 77 de 208 duatletas

Tiempo total: 02:11:25

Salud y km

martes, 2 de julio de 2013

Marnatón Sant Feliu

Al fin disfruto una travesía en aguas abiertas. No sufrí ningún tipo de rozadura gracias a la vaselina, las gafas no me molestaron nada, la biodramina me evito mareos y la crema solar antimedusas me salvo de quemaduras y picaduras.

Comentaré con brevedad mi carrera ya que no tiene ningún interés. Acabé los 6000 metros de aguas abiertas en 1h:39 min. Un tiempo increíblemente bueno... Si el mar no nos hubiese echado un cable con sus corrientes. De todas formas estoy bastante contento con mi tiempo aunque podría haberme exprimido más.
La travesía fue adornada tanto bajo el agua como fuera de ella. El fondo marino se podía ver en varias ocasiones. La fauna marina la representaron las medusas, si no vi quince no vi ninguna. Eso me hizo revolverme en algún momento, pero la crema anti-medusas es realmente efectiva.

Bordeábamos la montaña de Tosa - Sant Feliu, por tanto la vista se podía ir entreteniendo. Muy agradable. Destacar el último tramo antes de encarar la recta final donde se tenía que pasar por un arrecife de unos tres metros entre roca y roca. Increíble, ese trozo era para repetirlo.

                                                                Salida desde cala Canyet
                                                                     
                                                   Parte del recorrido Tosa- Sant Feliu

Los últimos 500 metros sacudí el mar con fuerza. Cada brazada penetraba el mar como un puñal, el aire lo soltaba con un grito cargado de ilusión y rabia. "VAAA"... "VAAA"..."VAAA"...

El marnatoniano de mi lado se le veía igual, dándolo todo en esa última recta. Llegamos a la vez a tierra, nos dimos la mano y la enhorabuena.

Estuve esperando un rato a mis compañeros, que a pesar de su inexperiencia en este tipo de competiciones hicieron un muy buen papel. Dar la enhorabuena a Pancho Maluenda, Pepe Batlle, Alfosno Megino y a Guillermo Jmz que se han convertido en nuevos marnatonianos.

                                                                             Finishers                                      

Puede comentar la carrera con Pancho Maluenda que finalizó la carrera en tan solo 1h:48 min. Pasó por lo que llamo el km de la desesperación con un éxito total. El primer km de un marnatón es desesperante: El cansancio irreal , los golpes, la engullida de agua salada... Todo junto hace que el cuerpo mande señales de riesgo a la cabeza.

"Tío, en el primer km me he planteado dejarlo"

Pero no se dejó imponer, paso esta primera parte y siguió como un león hasta el final de la carrera. La bestia que le atormentaba días previos a la carrera salió disparada de su interior. Y ahora ha aparecido una nueva...

Cuando se logra un objetivo existen dos opciones: satisfacerse con lo que se ha conseguido o levantar la cabeza con ambición. Pancho y yo  nos empezamos a entrenar para los 11km de Formentera. Y no nos quedaremos allí, seguiremos y seguiremos, hasta el día que pase una Orca por debajo nuetsro a pocos km del fin del estrecho de Gibraltar. Entonces... Veremos cual es nuestro próximo objetivo.

Salud y km.

martes, 4 de junio de 2013

Marnatón La lluna


Por desgracia de mis lectores y por fortuna mía empiezo a tener más experiencia en travesías a nado, y lo noté. Sin embargo, falta por mejorar pequeñas cosas que no me permiten disfrutar del mar.

Este tipo de competiciones están para disfrutarlas, pero para ello se ha de pasar varias veces por el sufrimiento de la inexperiencia.

A las 6:50pm estaba preparado en la línea de salida: vaselina impregnada tras las axilas y el cuello, neopreno bien cerrado, gorro puesto y gafas ajustadas. 

Suena el bocinazo de salida, no estoy muy nervioso pues sé que estoy preparado de sobras para acabar esta travesía de 4,5 km. El objetivo es bajar de 1h: 30min.

El mar está algo revuelto, la corriente en contra se nota. Lo bueno es que es un ida y vuelta, lo que me frena ahora es lo que me impulsará luego. El inicio de estas competiciones siempre se hace un poco pesado. Recibo varios golpes y choques hasta la primera boya, donde adquiero un espacio asequible para pinchar con fuerza el mar.
 
 

Empiezo a adelantar a marnatonianos con facilidad. Me siento muy bien, noto que avanzo con mucha velocidad para lo que suelo hacer. Clavo el brazo bajo el agua y lo mantengo hacia adelante como si quisiera dislocarme mi propio hombro, eso es lo que me hacía ir más rápido que el resto de mi grupo. Al sacar el brazo del agua lo hago con parte de mi caja torácica para volver a entrar con la ayuda de la gravedad. Por lo general pienso en utilizar bien la complicada técnica del nado en cada brazada.

Los problemas llegan, me entra agua en el ojo derecho. Esto es de lo más incómodo que pueda pasar, cada vez que roto la cabeza el ojo me lo hace saber con un escozor. Es soportable, aguanto con ello hasta mitad carrera.

A mitad carrera hay que salir del agua y correr unos 10 metros por la playa. Esto me va muy bien para apretarme fuerte las gafas. Al rato aprenderé que existe una tremenda diferencia entre apretar y ajustar.

La vuelta se hace muy incómoda cuando debería ser al revés. Las gafas me presionan tanto los ojos que empiezan a doler. Las pestañas chocan con el cristal en cada pestañeo, esto me evita ver las boyas con claridad. Cuando no se tiene claro dónde está la bolla se cambia más de dirección que una mosca en una discoteca.
 
 

El ritmo es muy bueno, nado con fuerza y me sobra mucha energía por sacar. Seguía adelantando nadadores aunque me volvían a coger por nadar en “eses”.

Llego a meta un poco mareado pero muy sobrado de fuerzas, podría haberme exprimido bastante más. Alzo la cabeza para mirar mi tiempo y veo 1h:15min en el marcador (un tiempo real de 1h:11min). Objetivo más que cumplido, se han notado los duros entrenos.
 

Una notable mejora en la primera disciplina del triatlón en estos últimos meses. Ahora hay que seguir entrenando duro para mejorar más estos tiempos.

Salud y km

 

 

miércoles, 24 de abril de 2013

¿Ñu o humano?


Hoy empezaré hablando del ñu. El ñu es la mayor población animal en el mundo. Es poco conocido, sus cualidades dan poco de sí para cuentos e historias, sin embargo, son los que mataron a Mufasa en el rey león (la estampida). El ñu es el animal más estúpido y feo del reino animal, es devorado por todos los carnívoros de la selva. ¿Cómo se defiende? No lo hace, sus cuernos apuntan a su propio cráneo. Lo más divertido del ñu es que su peor amenaza son ellos mismos. Cuando van al lago, a saciarse de agua, unos pisan a los otros haciendo que la mitad de la manada muera ahogada. Los cadáveres crean un puente que es aprovechado por las cebras para cruzar el río. Son tan feos que cuando se reflejan con el agua del lago se asustan, no  es broma, pegan un brinco. Cuando uno corre, todos le siguen sin tener ni pu.. idea de adonde se dirigen.

El ñu es el único animal que no sabe ni el mismo que pinta en este mundo. Perdón, corrijo, el ñu y algunos seres humanos.
 
 

¿Qué pasaría si no existieran las metas? ¿Los objetivos? ¿Los retos?, nadie lucharía por nada, simplemente seríamos ñus. (Hasta el nombre es feo)

La ambición es aquello que nos hace ser humanos, es lo que nos permite decidir entre ser felices o ser como la fauna animal. Cuando sufrimos día a día para alcanzar una meta es cuando empezamos a sentirnos orgullosos de nosotros mismos, y eso queridos lectores, eso es el sentido de la felicidad.

Parece obvio, sí. Sin embargo, a la hora de la práctica muchos son los que no saben por qué luchan. Luchan por algo, pero no pretenden llegar a nada, ¿Qué sentido tiene eso?

Cuando uno se propone algo y lo intenta con persistencia y constancia, automáticamente desaparecen muchas malas hierbas de su vida: Algunos “amigos”, vicios, costumbres, maneras… Se desvanecen. En su lugar aparecen nuevas hierbas, verdes como la esperanza.

Una persona verdaderamente ambiciosa es aquella que siempre ve su límite a la misma distancia a la vez que escala posiciones. El primer objetivo que uno se pone es un simple faro en medio del océano, cuando se llega a este aparece una nueva luz a lo lejos. Esto es lo que da sentido a esta vida, la posibilidad de llegar tan alto como se quiera.

Algunos lectores y amigos me han pedido consejos para terminar alguna competición. Todos lo que lo acabaron me hablan de otros retos que están muy por encimas del primero.

Quiero explicar un caso en concreto. He visto un grandísimo amigo salir de la propia mierda solo por el hecho de entrenar para un triatlón. Parece mentira, pero todo lo malo desapareció de su vida: droga, alcohol, tabaco, rechazos de estudio, amigos dudosos… Lo único que necesitaba era tener una meta por encima de él. Necesitaba despertar su ambición, ahora, no hay quien le pare.

No quiero decir que entrenar para un triatlón es la solución para la vida misma. Pintores, músicos, empresarios, abogados, médicos, ingenieros, obreros, fontaneros, deportistas… cada uno con sus objetivos.

Preguntaros al final de cada día: ¿He aprovechado el tiempo? ¿Me estoy acercando a mi meta? Las respuestas a estas dos preguntas son decisorias. Con que te quedas, ¿con lo de ser humano o un ñu?
 
 

Salud y km