viernes, 19 de junio de 2015

Medio Maratón Trail Vacarisses

Suenan los cuartos de las campanadas, estamos todos a la espera de la campanada principal para salir al ataque. Los corredores que tengo a mi lado me suenan de vista de otras carreras. Posiblemente yo también les sonaré a ellos, no es muy usual ver en las primeras líneas un chaval vestido de pies a cabeza con la equipación de Kalenji.

Salimos y cojo la cabeza de la carrera, me encanta girarme y ver como se van descolgando los corredores hasta que nos quedamos un pequeño grupo.



A los 100 metros me adelanta un grupo de 5 corredores a 2:52 el km. “No les sigas, este ritmo no se aguanta ni medio minuto más” Me retraso y me pongo en la cola del primer grupo de carrera.

Llega la primera subida y vuelvo a retomar mi posición, ahora si que no me muevo. Tengo un ciclista delante que nos marca el camino y eso ayuda a pensar sólo en mis ritmos sin tener que pensar en no perderme.

A os 4 km me siguen 4 corredores, uno pegado a mi nuca y tres a unos 10 metros de distancia. Creo que es hora de hacer algún ataque, me siento muy bien y quiero aprovecharlo.

Cogemos el primer “corriol” y aprieto el ritmo con mucha fuerza. Al finalizar esta primera subida me giro y ante mi sorpresa veo el segundo corredor que no se ha dejado imponer. Me entra un poco el miedo, he apretado mucho y no es normal que me haya aguantado.

Vuelvo ha hacerlo en la bajada. Bajo arriesgando en cada salto y derrapando con la suela en las curvas. Pero aún yendo más rápido no logro perderle de vista. Está claro que es un buen corredor.

Estamos así hasta el km 7 que vuelvo a atacar y no logra aguantar el ritmo. Ahora sí, corro sólo. Me siento muy bien y puedo controlar un buen ritmo sin agotarme demasiado. La carrera es larga (22 km) y quiero aprovechar mi energía al final. De todas maneras no puedo permitir que el segundo corredor me vea, no quiero darle pistas de cómo voy ni dónde estoy.






Me siento bien en todo momento: En las bajadas soy técnico, en las subidas potente y en el plano constante. Pierdo el miedo, estoy corriendo muy rápido y no noto en ningún momento que decaiga.

Empiezo a ser prudente y bajo el ritmo para asegurar un buen final. Para que exprimirme a mi 100% asumiendo el riesgo de petar. Tengo muy clara una cosa: Voy a ganar. Sonrío y aprieto el puño.

Soy el primero, y no ha sido fácil: Madrugones, levantarse del sofá a regañadientes, salir con lluvia, viento, frío, calor, gritos, sufrir desesperos, impotencia, dolor, caídas, rascadas, contusiones, esguinces…  Pero todo esto tiene una contrapartida que supera con creces las malas pasadas: Liderar una carrera.

En el último km se que he ganado, voy justo detrás de las dos bicis que me abren el camino entre los corredores que están subiendo por el km 12-14 (coincidía el recorrido en ese tramo). La gente me aplaude y me anima.

Escucho al speaker que dice que he batido el record de las otras ediciones por cuatro minutos. Me quedo gratamente sorprendido sabiendo que he llegado en buen estado.

He de felicitar a la organización porque en este caso ha sido excelente. Voluntarios en todo momento, cada metro señalizado y unos avituallamientos excelentes. MUY BIEN.

Otro pódium como embajador de Kalenji. Orgulloso de estar en este gran equipo.

Salud y km técnicos.




domingo, 7 de junio de 2015

Luchar hasta el último metro

Poco antes de salir mi padre me pregunta qué tiempo objetivo quiero hacer. Siempre me ambiciono mucho en las carreras, eso tienen su parte positiva y su parte negativa, pero lo que está claro es que si tu objetivo es ser el mejor, has de asumir esta virtud.

“Quedar primero”


Soy plenamente consciente de lo que digo es muy complicado. Cierto es que es una carrera popular y el nivel no es muy elevado, pero siempre se cuela una primera línea de “Pros”.

Pero, ¿Porqué no puedo ser yo también uno de ellos?. Hoy quiero demostrar que estoy en esa línea vestido de pies a cabeza de Kalenji y no pienso dejar nada fácil el pódium.

Salgo el primero, me coloco detrás del coche y me digo a mi mismo “Este es tu sitio”.

Al km 2 estamos solos otro corredor y yo. Es un chaval imponente: Alto, fibrado y, evidentemente, de un club de prestigio.

La primera subida me desmarco y me coloco en primera posición completamente sólo. Estoy algo asustado, hay buenos corredores y les estoy sacando un buen trecho, no se si he caído en el clásico error del corredor: El ritmo regresivo.

Km 5. Sigo primero y con cierta distancia, de todos modos, se que mi cuerpo empieza a quejarse demasiado. Las piernas


ralentizan la velocidad de manera automática, soy yo que he de tirar de mente para que no decrezca el ritmo. El flato empieza a florecer de una manera punzante y aguda, por tanto, la respiración hace lo que quiere.

Hasta el km 8 no bajo el ritmo. Me giro y veo a lo lejos al segundo y el tercer clasificado. Sé que si aguanto a este ritmo la carrera es mía, pero sinceramente, estoy en mis últimas. Aunque estén muy lejos me están recortando distancia y eso me hace pensar en lo que nunca se puede ni si quiera plantear. No, cuando has venido a lo que has venido.

“Bueno, si estos dos me pillan, el tercer puesto lo tengo bastante asegurado”

Rápidamente cambio, plantearse la opción de perder posiciones es el inicio del fracaso.

“Jorge, cualquier cosa que no sea ganar, es un fracaso”

Puede parecer que sea demasiado duro con migo mismo, pero os aseguro que en estos momentos has de auto exigirte mucho. Si esa opción planteada llego ha aceptarla, quedo tercero con suerte. Por eso he de cerrar los dientes y aguantar como sea hasta el final, pero si una cosa tengo clara, es que cruzaré la meta dando mi 110%.

Últimos 100 metros giro la cabeza y no veo al segundo clasificado, aún así repito el movimiento los últimos 50 y los últimos 10 metros antes de llegar a meta.

Se que he ganado, lo he conseguido. Ahora me toca disfrutar del momento, cruzo lº la meta con los brazos levantados ante los aplausos de todo el público, ante las felicitaciones de un speaker y sobretodo ante mis propias felicitaciones.

Muy contento con el resultado, sobretodo de haberlo conseguido con el Kalenji Team, al cual agradezco el apoyo recibido.

La conclusión de la carrera es evidente: “El dolor es temporal, puede durar un minuto, una hora o hasta incluso un día, pero la victoria, es eterna”

Salud y km







martes, 17 de febrero de 2015

Medio Maraton de Barcelona

Entro en el primer cajón de la carrera dispuesto a calentar un poco. Aquí están todos los corredores potentes de la carrera. La pregunta que me hago es: ¿Me merezco estar aquí? El tiempo lo dirá.

Me pego a la liebre que marca 1h:15min. Es un corredor que porta una bandera con el tiempo escrito y representa que va a llevar un ritmo constante para hacer ese tiempo. Mi objetivo inicial era 1h 17min, pero por dos minutos no voy a defraudar el trabajo de las liebres, así que me marco aguantarles hasta meta.

Suena el disparo inicial y salgo en una fila bastante atrasada. No me veo muy perjudicado por que el ritmo ya es alto, pero no lo suficiente, las libres se me alejan, al km 1 ya les tengo que recortar 100m.

No es nada sencillo recortar distancia a ese pelotón. No puedo hacer un sprint porque me perjudicaría enormemente, tampoco puedo dejar pasar mucho rato sin estar allí metido porque corro el riesgo de correr sólo.
Marco un ritmo fuerte y al km 2 me junto al grupo, paso de notar el gélido viento a sentirme acogido por el calor de un pelotón. Ahora ya es todo pan comido, hay que aguantar allí hasta el final… Suena un poco aburrido, y para aburrirme me hubiese ido en bici.

Me ciño a la realidad del momento, y esta no es otra que me siento fuerte. A medida que pasan los km voy perdiendo el miedo y empiezo a tomar la iniciativa del grupo. Me coloco como líder de grupo y no me lo callo:

“Vamos, un punto más” (Los extranjeros del pelotón me miran algo raro)

No estoy del todo seguro que haya sido una buena idea. Si aguanto bien en el grupo de 1:15 y mi objetivo era 1:17 para que quiero más si eso conlleva asumir el riesgo de desfondarme en plena carrera.

Me empiezo a hacer preguntas y me entra el miedo, no sé si estoy dejando la prudencia de lado y retomando los viejos tiempos donde pensaba que podía con todo y salía corriendo junto con los keniatas.

Me viene la imagen a la cabeza de cuando estuve corriendo en una milla por delante de dos olímpicos pensando que era un prodigio de la naturaleza. El resultado final fue cruzar la meta en tercer lugar tirando la mesa de isotónicas al suelo. Es posible que no esté dosificando bien.

No recuerdo ni una sola carrera en la que haya decidido bajar el ritmo por conformismo (que asco me da esta palabra). Y esta, evidentemente, no va a ser la primera. Fuerzo aún más y dejo atrás el pelotón completo. Un par de corredores intentan aguantarlo pero se caen al poco rato y vuelven al pelotón donde estaban tan a gusto.
“Venga, calentitos para casa”

Empiezo a adelantar pelotón tras pelotón. Corro sólo, aunque no sea lo ideal, me encanta sentir el viento que intenta frenarme, eso significa que estoy por encima de los grupos y que he venido  a luchar sin ayuda de nada ni de nadie.

No me dejé el último sprint, es una manera que tengo de agradecer a todos los que me están apoyando. Algunos piensan que soy imbécil, porque pasar de la posición 80 a la 79 llevando las piernas al límite es absurdo… Pero no lo es, esos últimos sprints que he hecho en entrenos y carreras son los que me han enseñado la parte más dura del deporte: “Saber sufrir”.

Cruzo la meta en 1h y 14 minutos. Lo he conseguido.

El medio maratón es una competición muy completa: Requiere resistencia, potencia y mucha cabeza, esta en concreto la recomiendo enormemente, hay un ambientazo bestial y el nivel es muy alto, tanto que puedo decir tres cosas:

“Yo corrí la carrera donde se batió el record mundial de medio maratón femenino en los cuatro parciales”

“Si fuera mujer y me llamara giorginas me hubiese subido al pódium con la corredora que sostiene el record mundial”

“La manera de conocer bien una ciudad es corriendo”

Me gustaría felicitar al equipo completo de Decathlon que acabaron la carrera, y eso ya es mucho cuando se están hablando de 21 km. En especial a Mostafa, que tras haber recibido varias mozas de los compañeros, finalizó la carrera bajando de las 2 horas. Pero lo más gracioso fue su llegada: un tío cruzando el arco de triunfo mientras gritaba: "¡CALLANDO BOCAS! ¡CALLANDO BOCUELOS A LA PEÑA!" (Miradas sorprendidas a su alrededor) . Claro que sí.

Salud y km




miércoles, 15 de octubre de 2014

Duatlón por parejas Vallromanes

Joan Parés y yo llegamos a Vallromanes a las 07:30 am dispuestos a correr un duatlón por equipos, el pedalea y yo corro. Queremos ir con tiempo para tomarnos las cosas con calma. La presión previa a una carrera ya es suficiente como para quitarle tiempo.

Dejamos la bici en boxes y comenzamos a calentar junto con el resto de corredores. Nos comentan que la parte a pie es fuertemente técnica, mientras que la ruta de ciclismo es muy pistera, esto nos cambia bastante los papeles y nos perjudica enormemente.

Conozco a varios de los duatletas: Arnau Pericas es uno de los favoritos para ganar esta carrera, es muy completo tanto sobre ruedas como a pie. Cuanto más duro y técnico sea el circuito más posibilidades tiene de ganar la carrera.

Otro duatleta procedente de Sudamérica, Evert, con el que he coincidido varias carreras. A pie no es un problema, pero sobre la bicicleta es el corredor con más fuerza de todos, sin duda.

Por último está un hombre de unos 30 años que se dedica profesionalmente al ultrafondo de montaña, este corre por parejas, puede ser uno de mis rivales más directos.

El resto de corredores no los conozco (unos 200), pero se nota que hay gente potente.

Me pongo en la primera línea de salida, quiero salir aireado pero sin coger la cabeza. Suena el petardo de inicio y comienza una primera prueba de carrera a pie durante 7,5 km con un fuerte y técnico desnivel de montaña.

Sale un grupo de 10 corredores como balas, marcan un ritmo que si consiguen aguantar hasta el final de la carrera es posible que batan algún record mundial.

Siempre he sido un corredor alocado, de esos que salen como piulas y aguantan los últimos km con los dos pulmones fuera, de esos que no permiten que nadie les adelante en la carrera con el enorme riesgo de caer desfondado, de esos que no saben que es la estrategia ni la prudencia. Pero desde hace ya un tiempo he aprendido a pensar en estas carreras, procuro jugar psicológicamente con los corredores.

Prefiero mantenerme a la espera, se perfectamente que es lo que pasará: irán cayendo del grupo uno a uno. Si no bajo el ritmo los iré recogiendo. A mí me va a fortalecer mucho a nivel mental, y a ellos les va a hundir.

Mis pronósticos son correctos, caen y caen hasta que antes del segundo km me pongo en segunda posición.

Empiezan las trialeras de subida, pura potencia de piernas, no es mi especialidad pero aguanto bien la posición. El primer clasificado lo tengo justo delante, y este, no tiene pinta de que se va a dejar caer.

Las bajadas recorto distancia, bajo con fuerza y buenos reflejos al apoyar los pies, pero el dolor del tobillo me genera desconfianza y basculo la pisada al pie derecho. Hay trozos que son muy duros: crestas, rocas, saltos, barro… Pero mantengo el equilibrio en todo momento.

Para mi sorpresa me adelanta el tercer clasificado. Es la primera vez que alguien me adelanta en bajada técnica. Si estuviera en mis plenas facultades podría haberme hasta incluso distanciado, pero no me noto cómodo. El cuarto corredor está justo detrás de mi espalda, es Arnau. Me quedo gratamente sorprendido de su fuerza muscular, luego ha de pedalear 22 km, yo descansaré.

A dos km de la meta cogemos ya la parte de pista, y allí subo el ritmo hasta que me vuelvo a colocar en segundo lugar distanciándome del resto. El primero, ya no lo vemos.

Llego a la transición en segundo lugar y le paso el relevo a Joan, le tocan 20 km de BTT. Al cabo de dos minutos llegan el chico de ultrafondo y el sudámericano.

La espera consistió en calentar y hablar con el resto de parejas de la carrera. La gente nos tiene como uno de los favoritos. La gran disputa está entre nosotros y el ultrafondista con su pareja, que parece ser un campeón del DownHill.

Llega el primer clasificado, Evert, y se dispone a correr la última parte. 3,5 km a pie de montaña. Llega el segundo y el tercero, donde se encuentra una sorpresa, una pareja con la que no contábamos. Justo después llega Arnau y al cabo de un minuto llega Joan. La carrera de Joan es increíble para el nivelazo que hay en esta segunda disciplina sobre ruedas.

Joan me da un susto de muerte al saltar por encima de la bici a 10 metros de los boxes. Afortunadamente se levanta con rapidez y me pasa el relevo. Esto le hace perder unos segundos que permiten a dos corredores de equipos salir por delante mío a un ritmo de 3 min el km aproximadamente. Salgo con calma, se que se van a desfondar.

Efectivamente, a los 500 metros les adelanto y me coloco en segunda posición. El primero es inalcanzable, tendré que luchar esta posición y no creo que tenga problemas.

De repente el flato ataca, y me hace bajar mucho el ritmo, aunque muscularmente estoy muy bien. Me adelanta el otro favorito y me quedo en la esquina del podium. Otro adelantamiento y nos echan fuera.

En la primera parte ya he demostrado que soy el corredor más fuerte (excluyendo al primero que tenía una pareja mixta en la bici) , sólo ha de desaparecer el flato para poder volver a hacerlo.

A un km de meta desaparece y marco un ritmo que le recorto metros por segundo al temido profesional del ultrafondo. Le voy a adelantar en los últimos 100 metros, lo sé, el se gira para mirarme y no es capaz de mantener la distancia.

A 100 metros de meta se desvía por un camino equivocado y le adelanto. Aquí tomé una decisión que posiblemente no sea la más competitiva, pero si la más deportiva. Cederle la posición aún creyendo que lo hubiese adelantado.

Y con eso que nos quedamos, una posición en el podium de la manera más deportiva.
Salud y km


lunes, 6 de octubre de 2014

IronMan: Lo que no se puede comprar


¿Estoy preparado? No paro de preguntármelo, sobre todo por la noche. Doy vueltas enrollándome y desenrollándome en mis sábanas. Y por mucho que sude y me eche las manos a la frente  no doy con la respuesta.

No lo sé. Es cierto que ya hice uno, por eso le tengo miedo, mucho miedo. Me aterra la idea de fracasar, la idea de no  poder contra tí. Tus 3,8 en el mar, tus 180 sobre la bicicleta y tus 42,2 en el infierno. Son muchas horas y el cuerpo puede reaccionar de cualquier manera. He visto a gente muy potente, más que yo, quedarse a media carrera.

He tenido semanas de relajación, entrenos suaves, días en la cama, despertadores rotos... Y eso puede pasarme factura. Pero también he luchado contra tormentas, he madrugado antes de que el sol se vea salir, he llegado a casa con rampas en mis piernas y he gritado sobre fuertes puertos de montaña. Y eso, me puede hacer coronar un IRONMAN.

¿Cómo responderé esta vez? ¿Mi cuerpo podrá llegar a los límites que impone esta competición? ¿Mi cabeza aguantará la presión? No lo sé.

Pero entre esta incertidumbre sí que hay algo que tengo claro: "Voy a luchar con todo" Cerraré los dientes desde el inicio, y con una meta visualizada en mi cabeza, nadaré, pedalearé y correré contra todo pronóstico.


Aquí estoy otra vez, delante del mar. A la espera de un disparo que indique el inicio del IronMan, una prueba que consiste en nadar entre aguas abiertas 3,8 km, pedalear 180 km y correr 42,2 km.

La tormenta que hay sobre nosotros da miedo, mucho miedo. La natación no me preocupa, al fin y al cabo si la organización nos permite nadar será porque es seguro, aunque en algún momento llego a dudar al ver varios rayos impactar sobre el agua. Me da miedo el ciclismo, 180 km sobre una asfalto mojado son muy peligrosos.

Muchos competidores recogen su bici y se van a su casa. Las condiciones son nefastas. Escucho un comentario entre la multitud:

"Somos IronMan, sí. Pero no gilipollas, esto es muy peligroso"

Pues yo soy IronMan y gilipollas.

Suena el disparo inicial, me pongo en cuclillas y con los dientes cerrados me digo lo mismo que en el resto de competiciones: "Calma, Cabeza y Coraje"

Antes de lanzarme al agua, me giro y lanzo un grito al público para animar el ambiente. Les hace gracia.
 



Empiezo a nadar con calma,  no quiero desgastarme nada en esta primera disciplina. Poco que explicar de los 3,8 km. Suaves y sin dificultades.
 
 
 

Pero las complicaciones llegan cuando al km 1 reviento rueda. Es la delantera, la tubular. Es decir, no hay recambios.

Bajo de la bici y me siento en la cera con la manos en la cabeza. No sé qué hacer. Todo el público se acerca e intenta ayudarme como pueden: Unos me animan, otros llaman a compañeros o organizadores para pedir recambios y otros tocan y giran mi rueda sin saber muy bien qué hacer.

El primer punto de asistencia mecánica está a 15 km. ¿Tan difícil era alquilar un par de furgonetas de asistencia mecánica?. Me dispongo a cometer una locura: Monto la llanta en la bici y me la cargo a la espalda, empezamos con 15 km running con una bici sobre la espalda. Pero me doy cuenta de que es absurdo, es posible que consiga llegar hasta el punto mecánico, pero luego... Tienes un IronMan por delante.

Me espabilo de otra manera y consigo una rueda tubular, pero no tengo banda para pegarla porque me la han despegado. La monto sin banda y a pedalear. Llevar un tubular sin estar pegada implica un enorme riesgo, y es que en cualquier curva puede saltar el neumático de la llanta y romper el asfalto con el cuerpo.

Empiezo a un ritmo muy bajo, me da mucho miedo las condiciones de mi bici. Llego a Llavaneras, primer punto de asistencia mecánica. Pido un banda para la rueda tubular y para mi sorpresa no tienen.

"¿Que tenéis en el maletín?, ¿Una llave allen de Decathlon y una cámara de BTT o qué?"

Entre quejas y gritos de rabia sigo rodando. Será todo un milagro si hago 165 km más así.

Los primeros 40 km los hago tranquilo por el temor que tengo a que se me salte la rueda. A partir de allí empiezo a apretar a los pedales, aunque no piense en el tiempo ni n la posición tengo piernas para subir la exigencia.
 


En el km 80 tengo a mi familia que me tienen preparados unos bocadillos de pavo para poder comer. Pero desgraciadamente la mala organización de la carrera no les permitió estar en ese punto. Me quedo sin comer alimentación normal, así que tendré que tirar a base de plátanos y energéticos. Sé que acabaré vomitando por esto.

En el km 100 me entra un bajonazo, empiezo a notar los calambres en las piernas y fuertes mareos. De verdad que no lo entiendo, no he ido fuerte y aquí no debería sufrir. He hecho entrenos de más de 100 km y a mayor ritmo y me encontraba mejor.

Posiblemente paso uno de los peores momentos de la carrera, no tanto muscularmente sino psicológicamente. Si estoy así ahora esto no lo acabo. Y comienza a atacar la cabeza, como siempre.  No la escucho, intento pensar en otras cosas para evadir el sufrimiento, pero todos mis esfuerzos son inútiles. Hasta el km 120 voy cambiando de posiciones para distraer el cuerpo con distintas posturas.

Me apoyo sobre mis acoples y me dispongo a rezar igual que en el anterior IronMan, me estoy quedando sin recurso. Cada uno que piense y crea lo que quiera, pero despierto y recupero mis piernas.

Pongo un ritmo fuerte y empiezo a avanzar a muy buena velocidad. Las subidas me subo sobre los pedales y en las rectas voy acoplado. De repente me pasa un grupo de siete triatletas (Los llamo así y no los llamo IronMan) aprovechándose las ruedas los unos a los otros. Esto en el triatlón de larga distancia es completamente descalificatorio. Uno a de correr sólo de inicio a fin, sin ayuda de nada ni de nadie. Les dejo espacio, no quiero participar en esta hipocresía deportiva. Me da igual si me sacáis una, dos o tres horas, yo habré acabado luchando cada quilómetro de manera individual. Vosotros soy el ejército persa, yo soy espartano.

Y llego a la última parte, me cambio la ropa y empiezo a correr. El cuerpo me pide que suba el ritmo y me ponga a adelantar sin piedad, pero ya he tropezado con esa piedra, y como mal humano, no lo volveré a hacer. Esta vez dosificaré e iré apretando el ritmo a medida que avancen los kilómetros. El objetivo está en no caminar.

Nada que deciros de los primeros 20 km, no me cuestan en exceso. Pero a partir de allí comienza lo que es realmente el IronMan, 22 km de la meta.

Empiezo a vomitar los geles digeridos en la bicicleta, pero no paro en ningún momento, sigo luchando por no parar.

Más de dos horas pensando lo mismo: "No pares".
 

 

He salido a correr en plena tormenta, he salido a pedalear de madrugadas, he coronado puertos con tembleques en las piernas, he nadado con picaduras de medusas, he llevado semanas de mal humor, semanas de mal dormir, me he puesto enfermo por sobre entrenos... Y sobre todo, llevo desde las 9 de la mañana peleando por una meta que tengo a sólo 20 km.

En cada calada de aire expulso un pedazo de la mítica bestia que nos atormenta las semanas previas a las carreras. Ya lo tengo, es mío, no pares de correr.

Con mareos y terribles dolores en cada pisada escucho mi nombre entre la multitud. Miro hacia el lado y veo a un amigo y a una amiga que han venido a empujarme los últimos km. Eso me da una fuerza bestial para seguir con la cabeza bien alta.

Y así estoy durante la última hora, con los dientes cerrados visualizando la meta más dura de mi vida. Se me lagriman los ojos al pensar por todo lo que he tenido que pasar para llegar hasta donde estoy. A sólo 3 km de ser IronMan por segunda vez, pero esta vez sin caminar ni parar.

Está mi hermano como siempre en los últimos kilómetros (Lleva con migo desde las 6 de la madrugada) pero rechazo su ayuda de correr los últimos kilómetros juntos. Esta vez acabaré sólo, sin que nadie me ayude.

Y llega aquel pasillo azul que llevo más de 6 meses imaginándome. Es mucho más impresionante de lo que había visualizado.

Una alfombra azul con multitud de manos que sobresalen lanzando gritos de felicitaciones. Un marcador al final de este donde sale un tiempo que no me interesa.

"¡¡¡Youuuu are an Ironman!!!" Grita el speaker a la vez que me alza la mano para que le choque.

Corro de lado a lado del pasillo central para chocar las manos de todos los presentes que me están animando a tope. Me paro a 1 metro de la meta con los ojos bañados en lágrimas y lanzo un grito que se acaba por falta de voz.
 
 

Intento hacer unas flexiones para bromear con los expectantes pero me entra una rampa y lo dejo correr (nunca mejor dicho).

Me cuelgan la medalla, la medalla más bonita que he visto en mi vida. Una medalla que no la regalan ni puedes comprarla aunque tengas todo el dinero del mundo. Es una medalla que uno se cuelga cuando es un hombre de hierro.

Salud y km, muchos km, muchísimos...